Son las sombras de lo que no ha hecho. Pero, ¿sombras a mitad de la noche? Sombras de un ciego, el sonido tan vacío de la risa, el momento en que las sombras despiertan. Un instante de color, fugaz, que no dura nada y se esfuma entre prismas. Un color en escala de grises que se ve difuminado con un valle de lágrimas que desaparece, pero existe. Un prisma que existe y después persiste en cada paso verdadero, queda fuera del sendero, sendero iluminado por ojos que no pueden ver, miradas mentirosas, mentiras para desdibujar. Y la mentira no es más que un engaño de la realidad, realidad perdida en la oscuridad. Noche que grita al despertar. El despertar de un presentimiento de que todo irá bien para volver a comenzar y, entre sombras, despegar. Deslizarnos con los sueños y un momento coleccionar, un momento, siempre un momento. Siempre fugaz, detenido luego, para convertirse en la eternidad. ¿Pueden acaso congelarse las horas y volverse en piezas de marfil? ¿Puede acaso lograrse que el tiempo deje de pasar? Lo detengo y lo regreso, no importa, sigue pasando. ¿Puedes regresar y volver, volver al mañana y quedarte en el ayer? Pero el tiempo seguirá transcurriendo, yo de reversa, y seguiré pasando, transcurriendo hacia él, hacia el tiempo ya pasado y el tiempo… transcurrirme de cualquier modo. Así es como paso los días, así respiro las horas de entonces… Las horas que dejarán de existir, para sólo transmitir una información.
Aldan Reyes & Esthefa Real